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El control: por qué querer que todo salga bien nos hace sufrir

El control es uno de los aspectos más determinantes de la conducta humana y una de las causas más frecuentes de conflicto. Esto es lo que hay debajo.

Hay una idea que sostiene casi todo el sufrimiento cotidiano y que casi nunca se nombra: la creencia de que si vigilamos lo suficiente, nada malo va a pasar.

El control como el mayor sufrimiento humano

El control juega un papel central en la gestación de conflictos. Las personas tienden a querer dominar cualquier situación externa: lo que ven y lo que no ven, lo que está pasando y lo que está por pasar. Sienten una responsabilidad enorme sobre todo lo que ocurre a su alrededor.

El costo aparece en las relaciones, en la calidad de vida, en la familia y en el trabajo. El control genera inseguridad y una sobrecarga permanente. Y cuando el comportamiento persiste, lo acompañan la frustración, el estrés, la ansiedad, y a veces la depresión.

De dónde viene esa necesidad

Rara vez el control es sobre la situación presente. Casi siempre tiene raíces más antiguas:

Quien necesita dominar las situaciones suele dejar de lado las opiniones y la forma de hacer las cosas de los demás. No por soberbia: por miedo.

El intruso en tu cabeza

Soltar el control no se logra decidiendo soltarlo. Es un proceso que empieza por algo más simple y más difícil: darte cuenta.

  1. Detectar la conducta y aceptarla. Mientras el control se justifique como responsabilidad o como cuidado, no hay nada que trabajar.
  2. Profundizar en la emoción. No en la situación, sino en el miedo que está debajo. ¿Qué temes que ocurra si sueltas?
  3. Desafiar al intruso. Una vez que identificas ese pensamiento que exige vigilar, obsérvalo en el momento en que aparece y absténte de actuarlo.
  4. Aprender a no interferir en las opiniones o circunstancias que te rodean.

Lo que se abre cuando sueltas

Renunciar al control permite conectar con niveles más profundos, porque dejas de atar tu amor y tu aceptación a que los resultados sean los que tú quieres. Dejas que las personas sean como son. No te apegas a cómo resulta cada situación.

Las herramientas son sencillas de nombrar y exigentes de practicar: relajación, prudencia y paciencia. Aprender a no sufrir para poder vivir más libremente.

Sin duda el control es el mayor sufrimiento del ser humano.

Vale la pena aclarar algo: observar tu necesidad de control no significa abandonar tus responsabilidades ni dejar de cuidar lo que importa. Significa distinguir entre lo que efectivamente está en tus manos y lo que solo estabas cargando por miedo.

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