Hay una idea que sostiene casi todo el sufrimiento cotidiano y que casi nunca se nombra: la creencia de que si vigilamos lo suficiente, nada malo va a pasar.
El control como el mayor sufrimiento humano
El control juega un papel central en la gestación de conflictos. Las personas tienden a querer dominar cualquier situación externa: lo que ven y lo que no ven, lo que está pasando y lo que está por pasar. Sienten una responsabilidad enorme sobre todo lo que ocurre a su alrededor.
El costo aparece en las relaciones, en la calidad de vida, en la familia y en el trabajo. El control genera inseguridad y una sobrecarga permanente. Y cuando el comportamiento persiste, lo acompañan la frustración, el estrés, la ansiedad, y a veces la depresión.
De dónde viene esa necesidad
Rara vez el control es sobre la situación presente. Casi siempre tiene raíces más antiguas:
- Falta de confianza, en uno mismo o en los demás
- Experiencias de abuso o maltrato
- Miedo al abandono
- Miedo a fallar o a equivocarse
- Exceso de perfeccionismo
- Rigidez e intransigencia
- Baja tolerancia y dificultad para gestionar el estrés
- La necesidad de mantener un supuesto estado de tranquilidad
Quien necesita dominar las situaciones suele dejar de lado las opiniones y la forma de hacer las cosas de los demás. No por soberbia: por miedo.
El intruso en tu cabeza
Soltar el control no se logra decidiendo soltarlo. Es un proceso que empieza por algo más simple y más difícil: darte cuenta.
- Detectar la conducta y aceptarla. Mientras el control se justifique como responsabilidad o como cuidado, no hay nada que trabajar.
- Profundizar en la emoción. No en la situación, sino en el miedo que está debajo. ¿Qué temes que ocurra si sueltas?
- Desafiar al intruso. Una vez que identificas ese pensamiento que exige vigilar, obsérvalo en el momento en que aparece y absténte de actuarlo.
- Aprender a no interferir en las opiniones o circunstancias que te rodean.
Lo que se abre cuando sueltas
Renunciar al control permite conectar con niveles más profundos, porque dejas de atar tu amor y tu aceptación a que los resultados sean los que tú quieres. Dejas que las personas sean como son. No te apegas a cómo resulta cada situación.
Las herramientas son sencillas de nombrar y exigentes de practicar: relajación, prudencia y paciencia. Aprender a no sufrir para poder vivir más libremente.
Sin duda el control es el mayor sufrimiento del ser humano.
Vale la pena aclarar algo: observar tu necesidad de control no significa abandonar tus responsabilidades ni dejar de cuidar lo que importa. Significa distinguir entre lo que efectivamente está en tus manos y lo que solo estabas cargando por miedo.
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