Las expectativas son creencias que proyectan la esperanza de conseguir algo. Son una creencia sobre el futuro y, por lo tanto, están construidas con material del pasado: nuestras experiencias, deseos y conocimientos previos.
El problema no es esperar. Es no darse cuenta
Algunas expectativas son sutiles y ligeras, como desear que salga el sol. Están recubiertas de humildad y confianza. Otras son intensas hasta el punto de agotarnos, e incrementan una tensión enorme sobre aquellos en quienes recaen — como cuando esperamos que alguien haga algo por nosotros.
El problema es que las expectativas pueden terminar en no cumplir lo que deseamos. Y entonces, en lugar de ayudarnos, nos acercan a la frustración.
Cinco expectativas que casi todos cargamos
La vida debería ser justa. Pensar que podemos librarnos de los problemas solo porque somos "buenos".
Las personas tienen que entenderme. Creer que los demás piensan como nosotros y que tenemos la razón. Cada quien tiene su punto de vista y no tiene por qué coincidir con el nuestro.
Todo saldrá bien. Una frase que nos decimos para mantenernos a salvo. Sin embargo, los planes pueden revertirse en cualquier momento.
La gente debería comportarse bien. Esperamos que las personas sean amables y estén dispuestas a ayudar. No siempre será así, y es difícil asumirlo.
Puedo cambiar al otro. Muy común en las relaciones de pareja. Pero el cambio personal proviene del interior. Podemos acompañar a alguien en su cambio; no podemos cambiarlo ni "arreglarlo".
Expectativa no es lo mismo que objetivo
Esta distinción cambia mucho. Un objetivo es algo sobre lo que puedes actuar: depende de tus acciones. Una expectativa es una creencia idealizada sobre cómo deberían resultar las cosas, y en la mayoría de los casos se vincula directamente con la frustración.
Tres claves para no desilusionarse en el intento
- Dejar ir esas ideas específicas que tienes en la cabeza sobre cómo deben ser las cosas.
- Esperar menos y actuar más.
- Vivir más en el presente, que es el único lugar donde puedes hacer algo.
Esperar cosas que están fuera de tu control es la antesala de una decepción.
Soltar expectativas no es volverse indiferente ni dejar de desear. Es dejar de exigirle a la realidad que confirme la historia que ya tenías escrita.
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